Aprendiendo a respirar

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Hoy día la mayoría de la gente no respira profundamente, y como consecuencia de esto las células no reciben suficiente energía para mantener la salud del ser humano.

Cuando respiramos lenta y profundamente, nosotros recibimos no solo aire, sino también energía vital (pranna), fuerzas renovadoras y luz. Las células del cerebro se alimentan con sangre, oxigeno y luz.

Para que nuestro cerebro funcione bien, es necesario que el hombre salga todos los días a la naturaleza y que respire profundamente, porque las células del cerebro necesitan 20 veces más oxigeno que las células de los músculos, por ejemplo. Y cuando respiramos así, nuestra mente debe estar ocupada y enfocada en pensamientos puros, sublimes y positivos.


Los pensamientos son fuerzas que actúan sobre nosotros. Por lo tanto, cuanto más puros y positivos son, más provecho tendremos de ellos, puesto que cada enfermedad muestra la presencia de alguna impureza que debe ser limpiada. No es igual pensar en negativo que pensar en positivo y decirte “voy a sanar”.

Sabiendo esto un enfermo debe respirar conscientemente, utilizando pensamientos que le ayudan y que introducen más positividad, vida y salud en él y no lo contrario. Los mejores pensamientos siempre son aquellos que nos conectan con Dios, porque Él es la Fuente de toda la Vida y de toda la Salud que el ser humano puede desear y alcanzar.

Nunca hay que abandonarse a los pensamientos negativos o a cualquier otro estado indeseable. Se dice, que “hasta que el hombre respira, para él hay esperanza”. 

Maestro Beinsa Duno (1864 – 1944) 

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